Cómo lidiar con lo superficial que puede ser el mundo gay si no tengo el “cuerpo perfecto”

Hay una frase que escucho todo el tiempo en sesiones, en mensajes de Instagram, o en conversaciones con amigos. “El mundo gay es muy superficial”. Y aunque suena casi como un cliché, cada vez que alguien me lo dice, noto el mismo gesto en la cara. Una mezcla de cansancio, frustración y tristeza. Porque no es solo una opinión sociológica, es una experiencia emocional, sentir que no encajas, que no eres suficiente y que tu cuerpo no alcanza.

Yo también lo he sentido.

Aunque hoy trabajo con mi imagen, aunque voy al gimnasio, aunque muchas personas me dicen que tengo un “buen cuerpo”, aunque soy visible en redes, aunque soy psicólogo y se supone que tengo herramientas… igual hay días en que me miro al espejo y algo dentro mío se encoge. Hay días en que entro a una app, veo diez torsos marcados seguidos y mi mente empieza a comparar. Hay días en que siento que, si no estoy en mi mejor versión física, simplemente desaparezco del radar afectivo.

Y creo que es importante decirlo así de directo. Porque muchas veces hablamos del tema desde afuera, como si fuera algo que solo le pasa a otros. Pero esto atraviesa incluso a quienes aparentemente “sí cumplen” con el estándar. Porque créanme cuando les digo que en mi consulta he tenido personas que cumplen absolutamente todos los estándares de belleza y aún así cuentan con una autoestima muy baja respecto a su físico. Porque la autoestima no depende de cómo te ves, sino de cómo te sientes.

Cuando hablamos de superficialidad en el mundo gay, no estamos hablando solo de personas vanidosas o frívolas. Estamos hablando de una cultura que pone el cuerpo en el centro del valor personal. Donde muchas interacciones parten desde una foto, donde el primer filtro es visual, el deseo se organiza alrededor de abdominales, brazos, glúteos, mandíbula marcada, juventud, piel tersa, y donde aprendemos rápido que mostrar carne trae atención y que esconderla significa no querer atraerla.

Superficial no es solo “me importa mucho el físico”. Superficial es cuando el cuerpo se transforma en moneda de intercambio emocional. Cuando vale más cómo te ves que cómo te sientes, en que tu atractivo parece definir tu dignidad y tu posibilidad de ser querido se reduce a cuántos likes tienes o cuántos mensajes recibes.

Y eso, para muchos de nosotros, resulta sumamente incómodo porque el cuerpo ya viene herido desde antes. Crecimos sintiéndonos distintos, muchos fuimos rechazados, sufrimos bullying o nos sentimos invisibilizados en el colegio. Muchos aprendimos que había algo raro en nosotros antes incluso de saber que éramos gays. Entonces, cuando por fin entramos al “mundo gay”, lo hacemos con una historia de inseguridad a cuestas. Con una necesidad enorme de validación y con ganas de pertenecer.

Y ahí nos encontramos con otro sistema de exigencias. Ahora no basta con ser simpático, sensible o buena persona. Ahora también tienes que ser musculoso, definido, joven, bronceado, “fit”, masculino y sexy. O al menos parecerlo en una foto.

Y si no entras en ese molde, empiezas a sentirte menos. Empiezas a pensar que algo falla en ti, que deberías verte distinto, que deberías esforzarte más o que quizás nadie te va a elegir así como estás.

Yo he acompañado a muchas personas que sienten eso. Pero también lo he vivido en carne propia. He tenido etapas donde entreno más desde el miedo que desde el amor. Donde mi motivación no es sentirme fuerte sino sentirme deseable. Donde no voy al gimnasio por salud mental sino por terror a perder valor en el mercado afectivo. Porque muchas veces nos vendemos la idea de que estamos “trabajando en nosotros”, cuando en el fondo estamos intentando encajar en un estándar que nunca termina de satisfacernos.

¿Qué cuerpos se esperan en el mundo gay?

Aunque hay más diversidad hoy que hace algunos años, sigue existiendo un ideal dominante. El cuerpo trabajado, sin mucha grasa, con musculatura visible, que funciona bien en fotos sin polera y que entra en categorías como “fit”, “muscle”, “athletic”.

Y claro, hay subculturas, nichos, tribus. Pero aun así, el mensaje general es bastante claro. Mientras más cerca estés de ese ideal, más atención recibes.

Y si estás lejos de eso, el silencio pesa. He escuchado tantas veces frases como: “Siento que nadie me toma en cuenta”, “me dejan en visto”, “voy a quedarme solo para siempre”, “parece que no existo”. Y muchas veces, detrás de eso, hay una sensación muy profunda de inferioridad corporal.

Sentirse poco suficiente por no tener el “cuerpo ideal” no es un problema superficial. Es un dolor emocional real. Es mirarte al espejo y sentir vergüenza, compararte con otros hombres y siempre salir perdiendo. Es evitar sacarte la polera en la playa o en el sexo. Es dudar de tu atractivo incluso cuando alguien te dice que eres lindo.

Y aquí quiero detenerme en algo importante. El problema no es querer verte bien, el problema es cuando tu autoestima depende exclusivamente de eso.

Cuando tu valor como persona empieza a medirse en centímetros de cintura o en porcentaje de grasa corporal. Cuando tu tranquilidad emocional está atada a cómo amaneces físicamente ese día. Cuando un rollito te arruina la semana. O cuando una mala foto te baja el ánimo completo.

Ahí ya no estamos hablando de autocuidado. Estamos hablando de una relación tóxica con el cuerpo.

 

El mundo gay es superficial en parte porque viene de una historia de trauma colectivo. Muchos crecimos sin sentirnos deseados ni elegidos. Entonces, cuando por fin tenemos un espacio donde el deseo es explícito, donde el cuerpo se vuelve protagonista, es fácil que nos aferremos a eso como fuente de validación.

Además, vivimos en una sociedad que ya es superficial de por sí. Redes sociales, filtros, selfies, cuerpos editados, influencers fitness, comparación constante. Y el mundo gay no está aislado de eso, solo intensifica aún más una cultura que ya estaba sexualizada.

Entonces, ¿qué hago con todo esto si no tengo el “cuerpo perfecto”?

Primero, dejo de pelear con la realidad. Sí, existe superficialidad (en el mundo gay pero también en el mundo hetero). Sí, hay estándares, y algunas personas te van a descartar solo por cómo te ves.

Negarlo no ayuda. Aceptarlo, en cambio, te permite dejar de personalizarlo tanto. Que alguien no te elija no significa que tú no valgas. Significa que esa persona está operando desde un filtro muy limitado.

Segundo, empieza a construir tu autoestima desde otro lugar.

Esto ha sido un proceso largo para mí. Muy largo. He tenido que aprender a preguntarme: ¿cómo me siento conmigo mismo más allá del espejo? ¿Qué cosas me gustan de mí que no tienen que ver con mi cuerpo? ¿Qué tipo de persona soy cuando nadie me está mirando? ¿Qué vínculos cultivo? ¿Qué conversaciones soy capaz de sostener? ¿Qué profundidad emocional puedo ofrecer?

Porque cuando todo tu amor propio está puesto en el físico, quedas muy frágil. Dependiente del reflejo y del deseo ajeno. ¿Y si te lesionas y no puedes entrenar por 6 meses? Ten mucho cuidado con poner todos los huevos en una sola canasta, ya que si toda tu autoestima está dependiendo de cómo te ves, se vuelve muy peligroso sostener eso a largo plazo.

En cambio, cuando empiezas a construir identidad, valores, propósito, sensibilidad, límites y sueños... sigues queriendo verte bien, claro. Pero ya no es lo único.

Yo he tenido que aprender a gustarme también cuando estoy cansado. Cuando no estoy marcado. Cuando estoy más flaco. Cuando no estoy en mi peak físico. He tenido que practicar mirarme con más compasión. Hablarme distinto. Recordarme que soy más que un cuerpo.

Y esto no significa resignarse, dejar de entrenar o dejar de cuidarse. Significa cambiar la motivación.

Hoy intento mover mi cuerpo porque me hace bien mentalmente. Porque me conecta conmigo y me da energía. No solo porque quiero verme sexy. Y aunque a veces vuelvo al patrón antiguo, cada vez lo noto más rápido.

Otra consejo importante ha sido elegir mejor mis espacios. Hay ambientes donde la superficialidad es brutal, donde literal todo gira en torno al físico. Donde te sientes evaluado constantemente. Y está bien reconocer que quizás esos lugares no son para ti, o al menos no todo el tiempo.

Buscar comunidades más humanas, amistades más profundas, espacios donde puedas ser tú sin estar performando masculinidad o atractivo, es parte del trabajo emocional.

También he tenido que aprender a poner límites internos con las apps. A no quedarme pegado scrolleando cuerpos perfectos, a tomar descansos, y a recordar que lo que veo ahí es una versión muy editada de la realidad.

 

Hay algo profundamente liberador en aceptar que quizás nunca voy a ser el más musculoso de la sala. Que siempre habrá alguien más marcado, más joven o más fit. Y que aun así puedo ser amado. Puedo construir intimidad, puedo tener relaciones reales y puedo sentirme suficiente.

Hoy entiendo que mi atractivo no está solo en mi cuerpo. Está en mi capacidad de conectar, en mi vulnerabilidad, en mi humor, en mi sensibilidad, en cómo escucho, en cómo acompaño y en cómo miro a alguien cuando habla.

Y eso, curiosamente, es lo que termina sosteniendo los vínculos importantes.

Si estás leyendo esto y te sientes pequeño al lado de otros cuerpos, siempre recuerda que estás viviendo dentro de una cultura que constantemente te dice que no eres suficiente tal como eres.

Pero eso no es una verdad, es un condicionamiento. Y se puede desaprender.

No de un día para otro. No mágicamente. Pero paso a paso.

Volviendo al cuerpo desde el cariño y no desde el castigo. Construyendo autoestima desde adentro y no solo desde el espejo. Rodeándote de personas que te vean por completo, y, sobre todo, recordando que tu valor no depende de cuán plano esté tu abdomen.

Yo sigo trabajando esto. No estoy en un lugar iluminado, sigo teniendo días de inseguridad, sigo comparándome a veces. Pero hoy tengo más herramientas, más conciencia y mucha más compasión conmigo mismo.

Y si algo quiero que te lleves de este texto es esto: puedes cuidar tu cuerpo sin convertirlo en tu identidad.

Puedes habitar el mundo gay sin perderte en su superficialidad.

Y, quizás lo más importante, puedes aprender a sentirte suficiente incluso cuando no eres el cuerpo que Instagram celebra.

Conéctate a nuestra Comunidad y sigue recibiendo contenido de valor!

Únete a mi lista de suscriptores para que puedas recibir avisos de cuando publique nueva información sobre mi blog, contenidos, talleres y cursos!

No te preocupes, tu información está segura conmigo :)

No soporto el SPAM! Así que no te preocupes que no estaré llenándote de mails, solo te enviaré mails que sé que te podrán servir y ayudar :)