¿Por qué el amor puede darnos tanto miedo a los gays incluso cuando es lo que más queremos?

Si hay algo que me ha llamado profundamente la atención durante todos estos años trabajando con personas LGBTIQ+, es que existe una contradicción que se repite una y otra vez. La escucho en consulta, la veo en los mensajes que me llegan por Instagram, aparece en las conversaciones con amigos y, siendo completamente honesto, también la he visto en mí. Conocemos personas, decimos que queremos una relación estable, imaginamos cómo sería compartir la vida con alguien y hablamos del amor como uno de nuestros mayores anhelos. Sin embargo, cuando finalmente aparece alguien que realmente nos importa, muchas veces ocurre que, en lugar de acercarnos, empezamos a alejarnos. En lugar de sentir tranquilidad, aparece ansiedad. En lugar de disfrutar el vínculo, comenzamos a preguntarnos si será demasiado, si estaremos sintiendo más de la cuenta o si deberíamos bajar la intensidad antes de terminar sufriendo.

Durante mucho tiempo pensé que eso simplemente era miedo al compromiso. Era la explicación más fácil. Incluso es una frase que escuchamos constantemente. "Los gays le tienen miedo al compromiso". "Nadie quiere nada serio". "Todos arrancan cuando la relación empieza a ponerse profunda". Pero mientras más años llevo escuchando historias, menos convencido estoy de que esa sea la explicación. De hecho, creo que muchas veces ocurre exactamente lo contrario. No es que tengamos miedo al compromiso, creo que tenemos miedo a todo lo que el compromiso despierta dentro de nosotros.

Porque comprometerse con alguien implica mucho más que decidir tener una relación, significa permitir que otra persona llegue a un lugar donde realmente pueda afectarnos. Significa que su presencia empieza a importar, que su opinión pesa, que su ausencia duele y que, inevitablemente, comenzamos a necesitarla de maneras que antes no necesitábamos. Y ahí es donde muchas personas empiezan a sentir que algo se mueve por dentro, porque necesitar a alguien puede sentirse increíblemente peligroso cuando la historia que uno trae detrás ha estado marcada por el rechazo, la vergüenza o el abandono.

Vivimos en una cultura que idolatra la independencia emocional, nos enseñan que la meta es no necesitar a nadie más que a nosotros mismos, admiramos a las personas que parecen resolverlo todo solas, que nunca muestran vulnerabilidad, que nunca se apegan demasiado y que siempre tienen la capacidad de irse sin mirar atrás. Como si la fortaleza consistiera en lograr que nadie tenga el poder de hacernos daño.

Durante mucho tiempo yo también pensé así. Creía que mientras menos necesitara a alguien, más seguro estaría. Si no me ilusionaba demasiado, nadie podría decepcionarme. Si mantenía cierta distancia emocional, sería más difícil que me rompieran el corazón. Si siempre tenía una puerta de salida, nunca quedaría atrapado en una relación que me hiciera sufrir. Y aunque esa lógica parece bastante razonable, con los años empecé a descubrir que había un costo enorme detrás de esa aparente fortaleza: que la distancia emocional también nos protege de aquello que más deseamos vivir.

No se puede construir intimidad sin correr el riesgo de que alguien llegue a importarnos profundamente.

Y creo que ahí aparece una de las paradojas más difíciles del amor. Para sentirnos realmente acompañados necesitamos permitir que otra persona sea significativa para nosotros (pero precisamente eso es lo que muchas veces nos da más miedo).

Cuando observo las historias de muchos hombres gays, encuentro algo que se repite con bastante frecuencia. Antes incluso de tener nuestra primera relación amorosa, ya habíamos aprendido que depender emocionalmente podía ser riesgoso. Muchos crecimos sintiendo que había partes de nosotros que era mejor esconder. Aprendimos muy temprano a observar cuidadosamente cómo hablábamos, cómo caminábamos, cómo nos movíamos o qué intereses mostrábamos. Algunos escuchamos bromas sobre los gays cuando todavía ni siquiera entendíamos nuestra orientación sexual. Otros aprendimos que ciertas emociones eran motivo de burla. Algunos recibieron mensajes religiosos que les hicieron creer que había algo malo en ellos. Otros vivieron bullying, rechazo familiar o experiencias de discriminación que dejaron huellas profundas.

Cuando uno pasa años aprendiendo que mostrar quién realmente es puede poner en peligro el cariño, la aceptación o la pertenencia, el sistema nervioso empieza a sacar conclusiones para protegerse. Una de ellas puede ser que depender emocionalmente de otra persona no es seguro.

Y quiero detenerme un momento en esta idea porque creo que es importante. No estoy diciendo que todas las personas gays tengan el mismo nivel de miedo al amor ni que todas hayan vivido exactamente las mismas experiencias. Pero sí creo que muchas compartimos un contexto de desarrollo donde la seguridad emocional estuvo, al menos durante algún período de nuestra vida, bastante amenazada. Eso hace que para muchas personas la vulnerabilidad no se sienta natural, se siente peligrosa.

Por eso las frases que escucho bastante y que nombré al principio de que "ningún gay quiere algo serio" se repiten TANTO, porque evidentemente hay una sensación colectiva de que "el de al lado" no quiere algo serio pero en realidad la gran mayoría de nosotros sí lo queremos, solo que estamos hiperactivados por nuestro sistema nervioso porque TODOS nosotros crecimos en un mundo que nos enseñó que está mal mostrarnos como somos y que nuestro amor es antinatural.

Así, con todo eso que cargamos, se vuelve muy difícil dejar entrar a alguien en nuestras vidas. No pedimos ayuda aunque la necesitamos. No mostramos tristeza para no parecer débiles. Nos cuesta expresar afecto porque sentimos que eso nos deja expuestos. Mantenemos siempre un pequeño margen de distancia por si algún día tienen que irse.

Desde afuera podemos parecer personas muy seguras, pero cuando uno profundiza un poco más, descubre que esa autosuficiencia está sostenida sobre un miedo enorme a volver a sentirse herido.

Y creo que eso también explica por qué muchas relaciones entre hombres gays empiezan con muchísima intensidad y luego se enfrían cuando comienzan a volverse emocionalmente importantes. Mientras la relación se mueve en el terreno de la ilusión, del deseo o de la conquista, todo parece emocionante. Pero cuando aparece la posibilidad de construir algo estable, el vínculo deja de tratar solamente sobre el otro. Empieza también a tocar nuestras propias heridas.

Ya no solo importa si la otra persona me gusta, empieza a importar cuánto me está importando.

Y eso puede dar muchísimo miedo.

Hay una palabra que creo que hemos demonizado injustamente, y esa palabra es "necesitar".

Muchas veces escucho frases como "yo no quiero necesitar a nadie". Nadie quiere sentir que su bienestar depende completamente de otra persona, nadie quiere perder su identidad o vivir aterrorizado pensando que lo pueden abandonar en cualquier momento. Pero creo que, intentando alejarnos de esa dependencia poco saludable, terminamos rechazando cualquier forma de necesidad emocional, incluso aquellas que son completamente normales e incluso necesarias. Necesitamos necesitar, es una experiencia universal de todo mamífero (incluido humanos)

Todas las relaciones importantes implican algún grado de dependencia.

Cuando un amigo está mal, me preocupa. Cuando fallece alguien que amo, me duele. Cuando mi pareja tiene una buena noticia, me alegro. Cuando extraño a alguien, quiero verlo.

Eso no significa que sea una persona dependiente. Significa que soy un ser humano que establece vínculos.

De hecho, uno de los grandes aportes de la teoría del apego ha sido precisamente mostrarnos que los seres humanos no estamos diseñados para vivir emocionalmente aislados. Necesitamos relaciones significativas para desarrollarnos, para regular nuestras emociones, para sentirnos seguros y para enfrentar mejor los desafíos de la vida. El problema nunca ha sido necesitar. El problema aparece cuando toda nuestra estabilidad emocional depende exclusivamente de una sola persona y dejamos de sostener nuestra propia vida fuera de esa relación.

Creo que muchas veces confundimos dependencia sana con dependencia insana simplemente porque nunca vimos un modelo intermedio.

Pensamos que solo existen dos opciones: o soy completamente independiente o me vuelvo completamente dependiente.

Pero entre esos dos extremos existe un lugar mucho más saludable. Un lugar donde puedo amar profundamente sin desaparecer dentro de la relación. Donde puedo extrañar a alguien sin sentir que mi vida pierde sentido, donde puedo pedir apoyo sin sentir vergüenza y donde puedo construir proyectos propios mientras también construyo un proyecto compartido.

Eso, para mí, es una relación madura. Aquella donde ambos pueden reconocer que el otro se ha vuelto importante sin que eso implique perderse a sí mismos.

A veces pienso que una de las mayores heridas que deja crecer siendo una persona gay es que aprendemos a asociar la vulnerabilidad con el peligro. Nos acostumbramos tanto a protegernos que, incluso cuando finalmente encontramos personas seguras, seguimos reaccionando como si todavía tuviéramos que defendernos.

Y las estrategias que alguna vez nos ayudaron a sobrevivir terminan dificultando aquello que más queremos construir.

Porque la coraza que evita que me rompan el corazón también dificulta que alguien pueda abrazarlo.

Con el tiempo he descubierto que una de las mayores señales de crecimiento emocional no consiste en dejar de necesitar a las personas, consiste en perderle el miedo a reconocer que las necesitamos.

Porque cuando uno deja de luchar contra esa realidad simplemente acepta que amar implica que alguien llegue a ocupar un lugar importante en nuestra vida y que eso, inevitablemente, nos vuelve un poco más vulnerables. Y, aunque todavía asusta, también creo que ahí comienza la posibilidad de vivir relaciones mucho más profundas.

Quizás la verdadera fortaleza nunca estuvo en lograr que nadie pudiera hacernos daño.

Quizás la verdadera fortaleza consiste en encontrar personas con quienes valga la pena correr ese riesgo.

Conéctate a nuestra Comunidad y sigue recibiendo contenido de valor!

Únete a mi lista de suscriptores para que puedas recibir avisos de cuando publique nueva información sobre mi blog, contenidos, talleres y cursos!

No te preocupes, tu información está segura conmigo :)

No soporto el SPAM! Así que no te preocupes que no estaré llenándote de mails, solo te enviaré mails que sé que te podrán servir y ayudar :)