Entras a una app, empiezas a hablar con alguien, hay buena onda, se ríen, sientes que hay química y por un momento de verdad aparece esa sensación de que podría haber algo distinto. Te gusta cuando pasa eso, porque no es tan común, estás acostumbrado a los silencios o a las conversaciones aburridas. Entonces, cuando aparece, se siente especial.
Pero casi siempre ocurre lo mismo: en algún punto la conversación empieza a girar hacia el sexo. Como si hubiera una dirección clara hacia donde todo tiene que avanzar, aunque recién se estén conociendo.
Yo, muchas veces, he habitado el mismo tipo de conversación. Ahí es donde algo dentro de mí se empieza a incomodar, no porque tenga un problema con el sexo, no porque no me guste o no lo disfrute, sino porque siento que no es lo que solo estoy buscando en ese momento. Yo estoy tratando de conectar desde un lugar, sin embargo el otro está en un lugar completamente distinto.
Cuando esa sensación te pasa tantas veces, ya deja de ser algo aislado y empieza a sentirse como un patrón. Muchas conversaciones que parten bien y terminan en lo mismo, muchas veces en que siento que si no sigo ese ritmo, si no me adapto a esa dinámica, simplemente la conversación se cae o pierde sentido para el otro.
¿Será que estoy pidiendo demasiado? Porque cuando algo se repite tanto, uno deja de mirar hacia afuera y empieza a mirarse a sí mismo, empieza a cuestionarse si es uno el que está fuera de lugar, si uno es el que está esperando algo que en la práctica no funciona así.
Y sin darme cuenta, empecé a negociar conmigo. Empecé a seguir conversaciones que no me llenaban tanto, a aceptar dinámicas que no eran realmente las que quería, a avanzar más rápido de lo que me hacía sentido solo para no perder la oportunidad, a tener sexo sin realmente querer tenerlo.
Y esto es importante decirlo, porque muchas veces uno cree que esto pasa por presión del otro, pero en mi caso ha sido más una presión interna. El miedo a quedarme fuera, el miedo a que si no entro en este juego, no haya otro. Ese miedo no aparece de forma evidente, se filtra en decisiones pequeñas, en cómo respondo, en lo que permito y en lo que dejo pasar. Y cuando me doy cuenta, ya estoy en una dinámica que no se siente tan alineada conmigo ni con lo que quiero.
Después de eso, muchas veces aparece una sensación de vacío. Como si hubiera estado con alguien, pero sin haber estado realmente con alguien. Hubo cercanía física, pero no necesariamente conexión.
Y ahí es donde vuelve a aparecer esta idea de que hay algo en mí que no se conforma con eso, hay algo en mí que quiere más, pero ese “más” no siempre es fácil de encontrar. Y creo que una de las cosas más complejas de todo esto es que no hay un villano claro. No es que el otro esté haciendo algo malo, no es que el sexo casual sea el problema en sí, el problema aparece cuando eso es lo único que parece estar disponible y tú estás buscando algo distinto.
Pensaba que tal vez era demasiado intenso como para que alguien quisiera conocerme más allá de lo físico. Pensaba que quizás yo no estaba pudiendo generar ese tipo de conexión o que había algo en mí que hacía que las cosas se quedaran en la superficie. Pero con el tiempo empecé a entender que esto no es solo individual, también es cultural.
El mundo gay tiene una historia distinta en cómo se ha vinculado. Durante mucho tiempo los encuentros tenían que ser rápidos, ocultos, inmediatos, sin mucho espacio para construir algo más profundo porque simplemente no era seguro. Y eso deja huella, se transforma en una forma de relacionarse que se sigue repitiendo incluso cuando hoy el contexto ha cambiado.
Entender eso me ayudó a dejar de personalizar tanto, pero no necesariamente lo hace más fácil de vivir, porque yo sigo estando en este presente queriendo algo que no siempre calza con esa lógica. ¿Y cuál es el camino? Si me adaptara a la situación, podría verse como un camino más fácil y rápido, pero no es lo que quiero. Respetarme, en cambio, implica decir que no a ciertas dinámicas, no seguir conversaciones que claramente van hacia un lugar donde no quiero estar, tolerar más los silencios y la incertidumbre.
Hay días en que obviamente me gustaría que fuera más simple, días en que me gustaría no cuestionarme tanto, no sentir tanto, o no necesitar tanto. Pero no funciona así, y he tenido que aceptar que mi forma de vincularme es esta, que a mí me gusta conversar, que a mí me gusta sentir que estoy conociendo a alguien de verdad, que a mí me importa la conexión emocional y que no quiero apagar eso para poder encajar. Porque cada vez que lo hago, hay una parte de mí que se pierde un poco, y eso con el tiempo pesa más que cualquier momento de compañía pasajera.
También he tenido que aceptar que no todos están buscando lo mismo que yo, y está bien. El problema no es ese, el problema es cuando uno espera encontrar lo mismo en todos y nos frustramos cuando no aparece. Pero en realidad, parte del proceso es empezar a reconocer quién sí está disponible para lo que uno quiere y quién no, sin tratar de forzar algo que claramente no es ahí. Y eso requiere paciencia (uf, desafío tremendo para mí jeje), requiere tolerar la frustración, requiere no rendirse tan rápido pero tampoco insistir donde no podrás encontrar mucho más que lo que te están ofreciendo.
Algo que he ido aprendiendo (y que sigo trabajando), es que además de intentar encontrar a alguien que quiera lo mismo que yo, también necesito poder sostener lo que yo quiero incluso cuando eso implica que el camino sea más lento o que implique sentirme solo a veces. Porque hay una diferencia muy grande entre estar solo y sentirse desconectado de uno mismo, y yo prefiero mil veces lo primero. Prefiero estar solo sintiéndome alineado conmigo, que acompañado sintiendo que tuve que negociar partes importantes de mí y de lo que soy.
Entiendo que este proceso me ha obligado a mirarme, a entenderme, a hacerme cargo de heridas que impactan en cómo me vinculo. A responsabilizarme de lo que permito y de lo que busco. Y aunque no siempre es fácil, sí siento que es más honesto. Y hoy, más que encontrar rápido, lo que me importa es no perderme en el intento de encajar y permitir que quien entre sea alguien que valga la pena para mí. Porque aunque a veces (muchas veces) no lo parezca, sé que hay personas que también están buscando algo más profundo. Y quiero estar disponible para eso cuando aparezca, no desde la urgencia ni el miedo, sino desde un lugar mucho más consciente y mucho más alineado conmigo.
Me gustaría que esto fuera más fácil, que fuera más evidente, que no hubiera tanta confusión entre lo que uno quiere y lo que el entorno ofrece. A veces me gustaría poder ser más desconectado del amor, de poder sentirme cómodo en el sexo casual, o que no me importe tanto vincular. Pero tengo corazón de pollito, al igual que muchxs de los que me leen. Y a pesar de que ese corazón sea frágil, también es valiente, sensible, enorme, intenso y apasionado. Y como dijo Brené Brown: “al menos, así es como me siento la mayor parte del tiempo... valiente, asustado, y muy muy vivo".
Conéctate a nuestra Comunidad y sigue recibiendo contenido de valor!
Únete a mi lista de suscriptores para que puedas recibir avisos de cuando publique nueva información sobre mi blog, contenidos, talleres y cursos!
No te preocupes, tu información está segura conmigo :)
No soporto el SPAM! Así que no te preocupes que no estaré llenándote de mails, solo te enviaré mails que sé que te podrán servir y ayudar :)