Todos mis amigos conocen a mi novio, ¿por qué todavía no puedo contárselo a mis padres?

Eres una persona LGBTIQ+. Imagínate que llevas seis meses con tu novio o con tu novia. Tus amigos saben perfectamente quién es, algunos lo conocieron cuando recién estaban empezando a salir y probablemente tuvieron que escuchar cada detalle de esas primeras citas en las que todavía no sabías muy bien hacia dónde iba la relación. Con el tiempo dejó de ser “el chico/la chica que estoy conociendo” y pasó a convertirse en tu novio/a. Han viajado juntos, conoces a sus amigos, él/ella conoce a los tuyos y tienes cientos de fotos de ambos en el celular. Un domingo llamas a tu mamá y te pregunta qué hiciste el día anterior. Le cuentas que saliste a comer. Te pregunta con quién y, casi automáticamente, respondes que fuiste “con unos amigos”. La conversación continúa como si nada hubiese ocurrido, pero cuando cuelgas sabes que acabas de volver a esconder una parte importante de tu vida.

Quizás situaciones como esa te generan una contradicción, porque tú no sientes que estés completamente dentro del clóset. Tus amigos saben que eres LGBTIQ+, probablemente algunas otras personas cercanas también, puedes contarles cuando alguien te gusta y, ahora que tienes una relación, hablar naturalmente de tu novio/a. Has avanzado mucho desde aquella época en que sentías que absolutamente nadie podía enterarse. Sin embargo, hay una conversación que todavía no has podido tener. Tus padres no saben que eres LGBTIQ+ y, como consecuencia, tampoco saben que la persona que se ha vuelto tan importante para ti existe de la manera en que realmente existe.

Esto es mucho más frecuente de lo que solemos imaginar cuando hablamos de “salir del clóset”, porque tendemos a representar este proceso como un único gran momento. Pensamos que una persona está dentro del clóset hasta que un día reúne valor, dice “soy gay” y finalmente queda fuera. Pero la experiencia real suele ser bastante más compleja. Salimos del clóset muchas veces, con personas diferentes, en momentos distintos y bajo condiciones que no siempre se parecen entre sí. Puedes sentirte completamente libre hablando de tu orientación sexual con tus amigos y paralizarte cuando imaginas esa misma conversación con tu mamá. Puedes haber construido una vida en la que ser LGBTIQ+ dejó de ser un problema para ti y, al mismo tiempo, seguir sintiendo que cruzar la puerta de la casa de tus padres implica guardar nuevamente una parte de quién eres.

Uno de mis pacientes describió alguna vez esta experiencia diciendo que no quería seguir teniendo una identidad en Santiago y otra cuando volvía a su ciudad en otra región de Chile. Sus amigos conocían su orientación sexual y con ellos podía sentirse libre, pero su familia todavía no conocía esa dimensión de su vida. Lo que comenzó a incomodarlo no era sentirse avergonzado de ser gay, porque él mismo reconocía que ya no se sentía así. Lo que le resultaba cada vez más difícil era comprender por qué, si su familia conocía tantas partes importantes de quién era, precisamente esta tenía que permanecer escondida.  

Creo que esa diferencia es importante, porque quizás tú también has pensado alguna vez que, si todavía no puedes hablar con tus padres, debe ser porque no has terminado de aceptar tu orientación sexual. Puede ser así para algunas personas, pero no necesariamente. También puedes sentirte cómodo siendo LGBTIQ+ y seguir teniendo muchísimo miedo de que tus padres lo sepan. La aceptación personal y la capacidad de compartir nuestra orientación sexual con otras personas están relacionadas, pero no son exactamente el mismo proceso. Puedes haber avanzado enormemente en una mientras todavía tienes conversaciones pendientes en la otra.

Tener novio puede hacer que esa conversación empiece a sentirse mucho más urgente

Mientras estás soltero, es posible mantener estos mundos separados durante bastante tiempo. Tus amigos saben que eres LGBTIQ+ y tus padres no, pero en la vida cotidiana quizás no aparecen demasiadas situaciones que hagan evidente esa diferencia. Si tu mamá te pregunta qué hiciste el sábado, probablemente de verdad estuviste con amigos. Si tu papá pregunta con quién vas a viajar, puedes responder sin tener que ocultar a una persona especialmente importante. Incluso puedes pensar que no existe tanta urgencia por contarles, porque tu orientación sexual forma parte de tu intimidad y hasta ahora has podido vivir tu vida sin incorporarla a la relación que tienes con ellos.

Tener novio puede cambiar bastante ese equilibrio. De pronto tu orientación sexual deja de aparecer solamente cuando piensas en quién te atrae o con quién tienes sexo y empieza a atravesar dimensiones mucho más amplias de tu vida. Tu novio está en tus fines de semana, en tus vacaciones, en tus planes para el próximo año y quizás, si la relación avanza, en decisiones todavía más importantes como irse a vivir juntos. Puede llegar un momento en que quieras pasar Navidad con él, llevarlo a un matrimonio, presentarlo a personas de tu familia o simplemente poder contar que pasaste el domingo almorzando con la persona que amas sin tener que transformar esa historia antes de llamar a tu mamá.

Ahí empieza a aparecer un problema que probablemente antes era mucho menos visible. Para evitar contarles a tus padres que eres LGBTIQ+ ya no basta con guardar información sobre tu orientación sexual. También tienes que empezar a esconder acontecimientos reales de tu vida. No necesariamente mediante grandes mentiras, porque muchas veces ocurre a través de modificaciones tan pequeñas que desde afuera podrían parecer insignificantes. Dices que fuiste de vacaciones cuando en realidad fueron juntos, cuentas que viste una película pero omites que la viste en su casa, hablas de un restaurante que conociste pero no mencionas quién estaba sentado frente a ti. Poco a poco empiezas a transformar el “nosotros” de tu vida cotidiana en un “yo” cada vez que hablas con tu familia.

Y creo que ahí se entiende mejor por qué esconder a un novio puede empezar a doler de una manera diferente a esconder nuestra orientación sexual. Ya no estás guardando solamente una información sobre ti, estás dejando fuera del relato a una persona que amas y que probablemente está ocupando cada vez más espacio en tu vida.

No significa necesariamente que te avergüences de él/ella

Cuando esto ocurre, es fácil juzgarse. Quizás piensas que si realmente estuvieras orgulloso de ser LGBTIQ+ ya habrías hablado con tus padres, o que esconder a tu novio/a demuestra que todavía existe una parte de ti que rechaza la relación. A veces incluso puedes sentir culpa, especialmente si su familia conoce la relación o si él/ella vive su orientación sexual de una manera mucho más abierta que tú.

Antes de llegar a esa conclusión, me parece más útil preguntarse qué es exactamente lo que estás intentando evitar cuando escondes la relación. Puede que la respuesta tenga mucho menos que ver con tu novio/a y mucho más con tus padres. Quizás tienes una relación muy cercana con tu mamá y llevas años imaginando su decepción. Tal vez tu papá ha hecho comentarios homofóbicos desde que eras niño/a y todavía puedes recordar perfectamente algunas de esas frases. Quizás en tu familia nunca se habla de sexualidad y no sabes siquiera cómo empezar una conversación así. Puede que no imagines un rechazo absoluto, pero sí una relación distinta después de contarlo, y la posibilidad de perder la forma en que actualmente te quieren puede resultar suficientemente aterradora como para seguir postergándolo.

También puede ocurrir algo aparentemente contradictorio. Quizás racionalmente crees que tus padres terminarían aceptándolo. Cuando tus amigos te preguntan qué crees que pasaría, incluso respondes que probablemente tu mamá lloraría un poco, tu papá estaría incómodo durante un tiempo y después las cosas seguirían adelante. Sin embargo, saber racionalmente que probablemente sobrevivirás a una conversación no hace que el miedo desaparezca. Si durante diez, quince o veinte años aprendiste a observar cuidadosamente lo que decías frente a tus padres para que no descubrieran que eras LGBTIQ+, no es extraño que ahora resulte difícil hacer exactamente lo contrario.

Por eso no creo que sea útil mirar todas estas estrategias como simples signos de cobardía. Durante mucho tiempo probablemente cumplieron una función. Quizás cuando tenías catorce años escuchar un comentario homofóbico de tu papá y aprender que frente a él era mejor no mostrar ciertas cosas fue una forma de protegerte. El problema aparece cuando esa estrategia permanece intacta muchos años después, incluso cuando tú, tus circunstancias y tu vida han cambiado. Algo que alguna vez te ayudó a sentirte seguro puede empezar lentamente a convertirse en aquello que te impide mostrar la vida que hoy estás construyendo.

A veces el miedo no es que dejen de quererte, sino que cambie la relación

Cuando hablamos de salir del clóset solemos pensar inmediatamente en los escenarios más extremos. Que te echen de la casa, que dejen de hablarte, que te insulten o que intenten cambiar tu orientación sexual. Esos riesgos existen para algunas personas y nunca deberían minimizarse. Si dependes económicamente de tu familia, existe riesgo de violencia o crees que tu seguridad puede verse comprometida, salir del clóset requiere una evaluación mucho más cuidadosa que simplemente animarte a hacerlo.

Pero hay muchas personas para quienes el temor está en un territorio bastante más ambiguo. No creen que sus padres vayan a dejar de quererlas, pero tampoco saben cómo las van a mirar después. Temen decepcionarlos, preocuparlos o hacerlos sufrir. Les angustia imaginar a su mamá llorando, a su papá quedándose en silencio o una Navidad donde todos sepan algo que antes nadie decía. A veces el miedo más grande no es perder a la familia, sino alterar una relación que, mientras este tema permanezca fuera de ella, funciona relativamente bien.

Eso ayuda a entender por qué puedes sentirte tan distinto con tus amigos y con tus padres. Con tus amigos probablemente ya acumulaste experiencias que contradijeron muchos de tus temores. Les contaste y siguieron queriéndote. Conocieron a tu novio/a y no ocurrió nada extraordinario. Quizás incluso llegaste a experimentar algo que antes parecía imposible, que tu orientación sexual se volviera una característica más de ti y dejara de ocupar tanto espacio mental. En cambio, con tus padres sigues relacionándote con una predicción, todavía no sabes qué ocurrirá porque la conversación que podría darte esa respuesta es precisamente la que llevas tiempo evitando.

El problema es que mientras esperas, tu relación sigue avanzando

Muchas personas imaginan que hablarán con sus padres cuando se sientan preparadas. El problema es que “estar preparado” puede convertirse en una condición difícil de alcanzar, porque cada vez que se aproxima una buena oportunidad también aparece una razón perfectamente comprensible para postergarla. Quizás no quieres hacerlo antes del cumpleaños de tu mamá porque podrías arruinarlo. Después viene Navidad y tampoco parece el momento. Luego tu papá está pasando por un período difícil en el trabajo. Más adelante piensas que quizás deberías esperar a que tu relación sea más estable para no contarles algo que podría terminar en pocos meses.

No hay nada absurdo en esas razones. El problema aparece cuando, al mirar hacia atrás, descubres que llevas uno o dos años encontrando razones igualmente razonables y la conversación nunca se acerca. Mientras tanto, tu relación sigue desarrollándose. Lo que hace seis meses era alguien que estabas conociendo puede haberse convertido en una de las personas más importantes de tu vida, pero frente a tus padres continúa sin existir.

Eso también puede empezar a afectar la relación de pareja, aunque tu novio/a sea comprensivo/a con tu proceso. Quizás al comienzo era completamente razonable que no lo/la conocieran. Después empiezan a aparecer situaciones nuevas: tu familia organiza un matrimonio y no sabes si puedes ir con él/ella, tus padres visitan tu ciudad y tienes que reorganizar el fin de semana para que no se encuentren, o se acerca tu cumpleaños y tienes que pensar si celebrarás con tu familia por un lado y con tu novio/a por otro. Tu pareja puede comprender perfectamente por qué todavía tienes miedo y, al mismo tiempo, empezar a sentirse incómoda con el lugar invisible que tiene que ocupar frente a una parte tan importante de tu vida. Ambas experiencias pueden ser legítimas al mismo tiempo.

Creo que esta es una de las razones por las que tener novio/a puede transformar profundamente una conversación pendiente sobre salir del clóset. Antes podías pensar que esperar afectaba principalmente tu propia libertad, pero ahora aparece otra pregunta, mucho más compleja, sobre cuánto espacio puede ocupar la persona que amas dentro de una vida que todavía necesitas mantener dividida.

Vivir entre personas que saben y personas que no saben también agota

Un costo de vivir dentro del clóset es el esfuerzo mental cotidiano de administrar información. Recordar quién sabe, anticipar quién podría contarle a quién, revisar quién verá una historia antes de publicarla, pensar cómo responder una pregunta aparentemente inocente o modificar espontáneamente una historia para que no conduzca hacia otra pregunta.

En terapia he escuchado a personas describir justamente ese agotamiento. Uno de mis pacientes hablaba de sentir que tenía dos vidas y del esfuerzo constante que implicaba pensar qué podía decir, qué podía publicar y hasta dónde podía circular determinada información. No significa que cada día estuviera sufriendo intensamente por estar dentro del clóset, significa que una parte de su energía seguía destinada a mantener separados mundos que, en su vida real, estaban cada vez más conectados.

Tener novio/a puede volver esa administración mucho más difícil porque aumenta enormemente la cantidad de información que necesita ser filtrada. Ya no tienes que esconder solamente que te gustan los hombres/las mujeres. Tienes que esconder con quién amaneciste el domingo, quién te acompañó cuando estabas enfermo/a, con quién estás planeando las vacaciones, por qué estás pensando en cambiarte de departamento o quién te regaló aquello que tu mamá acaba de ver en una foto. Mientras más importante se vuelve la relación, más difícil es hablar de tu propia vida sin hablar de ella.

Puedes sentirte auténtico en casi todos los espacios de tu vida y, sin embargo, volver a sentirte mucho más pequeño cuando estás con tus padres. No porque hayas dejado de aceptar quién eres, sino porque todavía existe un lugar donde tienes que volver a vigilarte.

Eso no significa que tengas que contarles mañana. Tampoco significa que todas las personas deban salir del clóset con sus padres. La seguridad importa y cada historia familiar necesita ser entendida dentro de su propio contexto. Pero si sabes que quieres que tus padres conozcan esta parte de ti, si llevas tiempo pensando que quieres presentarles algún día a tu novio/a y si lo que principalmente te mantiene detenido es esperar a sentir una seguridad absoluta, quizás convenga revisar qué significa para ti estar realmente preparado/a.

Prepararte puede significar entender qué temes que ocurra, diferenciar los riesgos reales de aquellos que has anticipado durante años, construir una red de apoyo para después de la conversación, pensar qué quieres decir y también aceptar que no puedes controlar completamente cómo reaccionarán.

En el fondo, quizás el objetivo tampoco sea simplemente conseguir que tus padres sepan que eres LGBTIQ+. Puede ser algo bastante más profundo. Que cuando tu mamá te pregunte qué hiciste el sábado no necesites revisar mentalmente qué versión de tu vida puede conocer. Que puedas contarle que fuiste a comer con tu novio/a con la misma naturalidad con que le contarías cualquier otra parte de tu fin de semana. Que la persona que eres con tus amigos y la persona que eres con tu familia dejen de sentirse como dos versiones que tienes que mantener cuidadosamente separadas.

Si te reconoces en esto, no creo que la pregunta que necesites hacerte sea por qué todavía no has sido suficientemente valiente para contarles. Me parece mucho más útil intentar comprender qué has estado protegiendo durante todos estos años, qué consecuencias temes que tenga esa conversación y si las estrategias que alguna vez necesitaste para sentirte seguro siguen siendo las que necesitas hoy. Porque puede llegar un momento en que salir del clóset ya no tenga tanto que ver con conseguir que más personas sepan que eres LGBTIQ+, sino con dejar de necesitar versiones distintas de ti para poder estar con las personas que quieres.

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