Un paciente me dijo: "¿Dónde están los otros gays "ñoños" como yo?"

Hace unos días un paciente me hizo una pregunta que se quedó conmigo mucho después de que terminara la sesión. Me dijo: "Juancri, ¿dónde están los otros gays ñoños como yo? ¿Esos a los que no les gusta el gimnasio, las fiestas ni las apps de citas?".

La palabra "ñoño" la usamos los chilenos para referirse a las personas que suelen tener gustos asociados a lo "particular", no a lo normativo (llámese: animé, videojuegos, juegos de mesa, Star Wars... ustedes entienden). Es el símil a decir "nerd". En algunos casos se utiliza para insultar, pero en la mayoría de los casos muchas personas la ocupan para describirse a sí mismos y muchas personas se sienten orgullosas de ser "ñoños". Es por eso que en este artículo ocuparé la palabra "ñoños" sin la intención de insultar a nadie, al contrario, la ocuparé desde un profundo respeto y honra que se merecen quienes se identifican como tal.

Mi paciente se preguntaba dónde estaban esos gays a quienes no le entusiasman las fiestas, que nunca han disfrutado demasiado el gimnasio, que no conectan con las aplicaciones de citas y que, si pudieran elegir un panorama ideal para un sábado, probablemente preferiría quedarse en su casa viendo una buena serie, leyendo un libro, jugando videojuegos, o dedicándose a alguno de sus hobbies. Mientras lo escuchaba, pensé que esa pregunta no era solamente de él. Era una pregunta que he escuchado de varios otros pacientes y que, probablemente, también se hacen muchos otros hombres gays en silencio.

Muchos de estos "ñoños" creen que nacieron en el lugar equivocado o que simplemente no encajan en la comunidad gay. Y, casi siempre, detrás de esas frases aparece la misma conclusión. "Creo que no existen otros hombres como yo". Es una afirmación muy dolorosa, porque no habla solamente de gustos o de personalidad, habla de la sensación de que, si realmente eres así, entonces quizás nunca encontrarás amistades, pareja o un espacio donde sentirte comprendido.

Lo curioso es que esa conclusión suele parecer completamente lógica cuando uno observa el mundo desde la experiencia cotidiana. Abres Instagram y ves cuerpos trabajados, fiestas, viajes, circuitos sociales muy activos y una vida que parece estar siempre ocurriendo afuera. El punto es que, si entras a Grindr, encontrarás a quienes eligieron estar en Grindr. Si vas a una fiesta gay, verás a quienes decidieron asistir a esa fiesta. Poco a poco, sin darte cuenta, tu cerebro empieza a construir una idea muy simple. "Esto es ser gay". Y si tú no te pareces a eso, la conclusión parece inevitable: "Entonces debo ser el único".

Sin embargo, hay un problema enorme con ese razonamiento. Estás sacando conclusiones sobre toda una comunidad observando únicamente a las personas que son más visibles en determinados espacios. Es como entrar a una discoteca de salsa y concluir que ya no existen personas a las que les guste el rock. O visitar una biblioteca un martes por la tarde y pensar que ya nadie disfruta salir a bailar. El lugar donde miras condiciona completamente lo que crees que existe. Cuando olvidamos eso, confundimos visibilidad con mayoría.

Las personas que disfrutan mucho las fiestas suelen estar en las fiestas. Quienes entrenan con frecuencia probablemente aparecerán más en redes sociales mostrando esa parte importante de sus vidas. Quienes utilizan aplicaciones de citas, naturalmente estarán en ellas y conocerán a otros a través de ellas. Pero eso no significa que todos los hombres gays sean así. Significa únicamente que esos espacios concentran a quienes tienen interés en ellos. El problema aparece cuando nuestro cerebro deja de pensar en términos de probabilidades y empieza a interpretar esas experiencias como si fueran una fotografía completa de la realidad.

Lo interesante es que, cuando uno empieza a conversar con más personas fuera de esos contextos, descubre algo distinto. Existen hombres gays apasionados por la fotografía, la astronomía, la cocina, la jardinería, la historia, la música clásica, los juegos de mesa, los videojuegos, la lectura, el teatro, la programación, el cine, los animales y un sinfín de intereses que rara vez se vuelven visibles dentro del imaginario que solemos construir sobre la comunidad. El problema no es que sean pocos, el problema es que suelen ser mucho menos visibles.

Pero hay una segunda parte de esta historia que me parece todavía más importante. Durante la sesión hablamos con mi paciente sobre dónde creía que estaban esos hombres como él. Después de pensarlo un momento, respondió casi riéndose: "Probablemente igual que yo: en sus casas".

Ahí apareció una paradoja que veo con mucha frecuencia en terapia. Muchos hombres sienten que no existen personas compatibles con ellos, pero al mismo tiempo llevan una vida que hace extremadamente difícil que esas personas puedan encontrarlos. Porque todos están esperando exactamente lo mismo: esperan que aparezca alguien parecido sin exponerse demasiado, sin salir de ciertos hábitos, sin salir incluso de sus casas y sin asumir el riesgo de conocer personas nuevas.

Es una situación casi irónica. Imagina a dos hombres que comparten los mismos intereses, la misma forma de relacionarse y los mismos temores. Ambos deciden quedarse en sus casas esa noche. Ninguno disfruta las fiestas, ninguno usa aplicaciones de citas, ambos prefieren quedarse viendo una serie o dedicándose a sus hobbies. Los dos sienten que seguramente no existen otros hombres como ellos. ¿Qué va a pasar? Acertaste: esa noche no van a encontrarse. No porque el otro no exista, sino porque los dos están haciendo exactamente lo mismo.

Muchas veces creemos que el principal problema es que "no hay oferta". Sin embargo, en terapia descubro que el obstáculo suele ser otro. Existe una enorme diferencia entre que no haya personas compatibles y que las condiciones para conocerlas sean muy escasas. Son dos problemas completamente distintos. El primero genera desesperanza, el segundo abre posibilidades. Porque, si el problema no es la inexistencia del otro, entonces la pregunta cambia por completo. Ya no es "¿dónde están?", sino "¿qué espacios podrían aumentar las probabilidades de encontrarnos?".

Y ojo, eso no significa obligarte a convertirte en alguien que no eres. No necesitas empezar a disfrutar las discotecas, levantar pesas seis veces por semana ni descargar todas las aplicaciones de citas si ninguna de esas cosas conecta contigo. Exponerte no significa traicionar tu personalidad. Significa aceptar que las personas compatibles contigo también necesitan oportunidades para encontrarte. Quizás eso implique aceptar una invitación que normalmente rechazarías, participar de talleres relacionado con un interés tuyo, integrarte a una comunidad, atreverte a iniciar una conversación o simplemente dejar de asumir que nadie compartirá tus gustos antes de haberlo comprobado.

Tampoco con esto quiero decir que "es malo" que te guste ir al gimnasio, las apps de citas o las fiestas. Al contrario, yo mismo soy de ese grupo. Todo el punto de este artículo es que entiendas que tus hobbies e intereses son válidos, y que si quieres conocer personas con intereses similares a los tuyos, tienes que buscar en los lugares adecuados para ello y no asumir que porque tus intereses son menos visibles significa que no existe gente como tú.

Por otro lado, un punto importante es que muchos hombres que dicen "no encuentro a nadie como yo" tampoco muestran demasiado quiénes son realmente. Ocultan sus intereses porque creen que son poco atractivos, hablan poco de las cosas que los apasionan y tratan de adaptarse a lo que imaginan que los demás esperan. Paradójicamente, mientras más esconden aquello que los hace distintos, más difícil resulta que otra persona similar pueda reconocerlos. A veces no es que solo estés buscando mal, sino que también estás siendo muy difícil de encontrar.

Quizás por eso la pregunta de mi paciente sigue dando vueltas en mi cabeza, porque creo que está formulada desde una premisa equivocada. No creo que el verdadero problema sea que no existan otros gays como él, creo que existen muchos más de los que imagina. Lo que ocurre es que la mayoría no está en los lugares donde él ha aprendido a buscarlos y, al mismo tiempo, él tampoco se está mostrando desde su lado real y vulnerable.

Si alguna vez te has sentido un tanto solo por tus intereses o hobbies, quiero que te lleves este mensaje: que no veas a personas como tú no significa que no existan. Muchas veces solo significa que quienes comparten tu forma de ser llevan una vida sorprendentemente parecida a la tuya. Y si todos permanecen esperando que el otro aparezca primero, probablemente pasarán años convencidos de que están solos, cuando en realidad siempre estuvieron mucho más cerca de lo que imaginaban.

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